5.11.2010

Revelación de mi memoria. A

Érase un cielo iridiscente, colmado de llamas abrasadoras, espejismo de un infierno, cuyo Belcebú era un artista.
En la oscura y vítrea noche, un perfil se asomaba. Recortado por la luna, dibujado por la magia. Estentóreos ecos de aquella noche herían al silencio. Su mirada misteriosa recorría, como una brújula frenética, los rincones de su rostro. Tales rasgos, alborotados y esmaltados, casi imperceptibles, perturbaban sus sentidos.
Pero aún estaban sus ojos, desconocidos, que se hallaban ocultos, naufragando en ese círculo de estrellas, escapando de la atención, ansiosa por capturar su alma. Alma de esos ojos descreídos, lejanos a la realidad. Espejos de un bosque tormentoso, de hierba húmeda y raída. Lluvia acorralada en dos perfectas circunferencias.
Y entonces, ella por fin vio sus ojos. Y sus ojos fueron la mitad del mundo. Sus ojos fueron el infinito. En ellos se vio reflejada alguna vez y para siempre.

1.29.2010



[Our deeds have traveled far
What we have been is what we are]

4.29.2009


Es imposible refutar todo hecho histórico y fehaciente cuando está equívocamente demostrado o prescripto. Pero se me permite escribir, y no se trata de cuestionar u objetar las consecuencias que dicho ejercicio puede causarme. Por eso simplemente lo hago, a su vez, remitiéndome a las posibles invectivas en mi contra, que puedan advertirme de algún defecto.
Mientras tanto, reflexiono:
¿Cómo es posible, entonces, impugnar que entre emblemáticas civilizaciones no haya existido una disposición sistemática del conocimiento, la erudición, la cultura y la permanencia inamovible de la filosofía?
Nos han abordado innumerables suposiciones acerca de la posible realidad acentuada por el riguroso predominio de aquellos tan hábiles y persistentes itinerarios, núcleos de sabiduría y de arte proveniente de las mentes más brillantes.
Mentes brillantes que, aparentemente, ardieron en la hoguera encendida por el impulso de discernimientos insensatos e imprudentes.
¿Cómo es posible, entonces, que una simple reacción impensada haya deslindado el fin de la recopilación inextricable de cientos de miles de libros, cuyo origen ni siquiera puede definirse con completa precisión?
Permítame Ptolomeo, pues no difiero de sus capacidades ni sus disposiciones, ya que, justamente me refiero a su emblemática figura, indisputable de su milenaria construcción. Tal vez cubierta por una incorrecta resolución, ya que indiscutiblemente un libro no representa más que la inocencia y la simplicidad del algún sitio excluido en nuestra mente.
¿Habrá existido entonces? ¿Habrá flameado el templo de esos dioses indulgentes de expresión?
¿Habrá Julio César eliminado con su injusta invasión el tribunal paradójico y razonable que reúne aquellas imprecaciones inofensivas que atropellan el asombro de nuestro entendimiento?
Sepan que fue creado, y que aún sobrevive, en algún paraje indeterminado, aquel edificio insólito, promotor del saber entre los años y predecesor de alguna cultura común entre los hombres, y a su vez, depositario de una sospecha que socava nuestra razón: su existencia.

3.23.2009

No hay silencio aquí
sino frases que evitas oír.

3.20.2009


En la bóveda de la tarde cada pájaro es un punto del
recuerdo.
Asombra a veces que el fervor del tiempo
vuelva, sin cuerpo vuelva, ya sin motivo vuelva;
que la belleza, tan breve en su violento amor
nos guarde un eco en el descenso de la noche.

Y así, qué más que estarse con los brazos caídos,
el corazón amontonado y ese sabor de polvo que fue rosa o camino-
El vuelo excede el ala.
Sin humildad, saber que esto que resta
fue ganado a la sombra por obra de silencio;
que la rama en la mano, que la lágrima oscura
son heredad, el hombre con su historia,
la lámpara que alumbra.

3.19.2009


En el universo abundan un sinfin de entidades, inalcanzables y factibles. Lejanas como la luna o endebles como el agua. Pero ninguna es como tu canto, porque soñando, siento encontrarlo y y viviendo, siento perderlo.
Mis manos se desvanecen cuando anhelan acariciarlo, y mi voz se quiebra cuando la melodía se aleja.
Encerrada en este cuarto blanquecino, tras las cortinas claras que confinan toda luz, descubro la sentecia de morir a eje de un recuerdo agonizante.
Es una oscuridad intransigente, despiadada, pero aún me apodera la claridad de tu sonrisa.
Tu sonrisa que me aturde, pues es mi mente se dibuja grandiosa, con su borde excelso y dulce.

Pero no he de caer, lo que se filtraba, eran lazos opacos y la noche iluminó la habitación con su ceniza irradiando su luna depurada.
Y los campos que ahora son parcelas de esperanza, se quebraron en tu espejo, pues, no necesito del fuego para verte, has nacido en la riqueza de un amor garantizado y has muerto habiéndolo concretado.



y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios,
te querré más
todavía.